20.10.09
A mi compañero de vida le pasa lo que les pasa a muchos homotecnos... está estresado y le cuesta encontrar el sueño. No somos de pastillotes y ya no le hace efecto ni la Valeriana, ni la Amapola de California, ni la hierba azul, ni los libros de Erich Fromm. Para salvar la buena relación que mantenemos hasta ahora me propuse echarle una mano.
Está demostrado, en serios estudios científicos y también en mi casa, que después de unos movimientos acelerados de la pelvis el homotecno duerme como un oso.
No se le puede pedir muchos esfuerzos a mi homotecno ya que el objetivo es que se relaje hasta perder la consciencia... y para no aburrirle en el intento tengo que forzar el ingenio.
Este profundo análisis transaccional me ha llevado a recetarle una mamada de buenas noches o en su defecto una manuela, cada noche, administradas de distintas formas para que no se canse del tratamiento.
Antes de ayer, le tocó la Mamada Francesa en su más amplio sentido, o sea recitando a Baudelaire. Fue divertido y didáctico pero poco cómodo.
Ayer le tocó la Mamada Alemana; se estruja como una salchicha hasta darle forma y se termina echando la mostaza.
Esta noche le tocará una que llamo la Ma-manuela-da Emma, en homenaje a este culo mío que tanta gracia le hace; se empieza por usar la rajita de espalda y se acaba en una profunda y húmeda reverencia.
Lo que sea para que me deje dormir.
Está demostrado, en serios estudios científicos y también en mi casa, que después de unos movimientos acelerados de la pelvis el homotecno duerme como un oso.
No se le puede pedir muchos esfuerzos a mi homotecno ya que el objetivo es que se relaje hasta perder la consciencia... y para no aburrirle en el intento tengo que forzar el ingenio.
Este profundo análisis transaccional me ha llevado a recetarle una mamada de buenas noches o en su defecto una manuela, cada noche, administradas de distintas formas para que no se canse del tratamiento.
Antes de ayer, le tocó la Mamada Francesa en su más amplio sentido, o sea recitando a Baudelaire. Fue divertido y didáctico pero poco cómodo.
Ayer le tocó la Mamada Alemana; se estruja como una salchicha hasta darle forma y se termina echando la mostaza.
Esta noche le tocará una que llamo la Ma-manuela-da Emma, en homenaje a este culo mío que tanta gracia le hace; se empieza por usar la rajita de espalda y se acaba en una profunda y húmeda reverencia.
Lo que sea para que me deje dormir.
22.9.09
Me dicen que tengo una gran facultad de recordar acontecimientos de mi más tierna infancia.
Creo que simplemente es cuestión de tiempo y dedicación, como todo.
Si tenemos la cabeza llena de responsabilidades y de traumas, no será posible alcanzar esos recuerdos. Si, por el contrario, tenemos tiempo de sobra y ganas de mirar atrás, todo saldrá a la luz. Eso, o gastarse un dineral en una sesión de hipnosis.
Yo tengo tiempo y el gran defecto de rebuscar con placer en el pasado lejano para, a veces, entender el presente.
El otro día no podía entender porque le costaba tanto a mi hermana dejarse poner inyecciones en las nalgas.
Resulta que cuando teníamos unos 7 años ella y 8 yo le hice una cosa terrible y vergonzosa.
Acabábamos de discutir, arañazos y tortas incluidas por una chorrada de bolsa de caramelos que compartir. Como siempre, ella empezó a llorar la primera y a mi me tocó pedir perdón y dejarle elegir las mejores chuches. Esa misma tarde monté un plan para vengarme. Mis padres tenían unos sofás de tela hortera, muy de moda en los setenta. Los asientos iban rellenos de una goma altamente inflamable pero también muy flexible. Me imaginé introduciendo profundamente un mondadientes donde siempre se sentaba ella, de tal forma que no se vería y solo saldría a la superficie con el peso de su cuerpo. Nunca he sido muy buena con las manualidades y juro que nunca pensé que funcionaría. Pero por desgracia para ella fue un plan perfecto. A la hora de los dibujos de la tarde, se tiró en su rincón del sofá. ¿Habéis intentado alguna vez tirar a un gato en un bañera llena de agua? Sale disparado. Mi hermanita salió disparada también. Gritó como una posesa y mi madre acudió a su rescate. Le dolía el culo, decía. Para evitar cualquier sospecha acudí también y puse cara de preocupación. Mi madre le bajó los pantalones. Tenía un pequeñito pero profundo agujero en la piel de la nalga derecha y le sangraba bastante. Mi madre encontró el objeto del delito en el sofá y pensó que alguien lo había dejado allí por accidente. No me podía creer que el plan funcionara tan bien y menos aún que saldría limpia de bronca y castigo.
Desde entonces, mi hermana tiene pánico a las agujas y las chuches me dan asco. Qué cruz.
Creo que simplemente es cuestión de tiempo y dedicación, como todo.
Si tenemos la cabeza llena de responsabilidades y de traumas, no será posible alcanzar esos recuerdos. Si, por el contrario, tenemos tiempo de sobra y ganas de mirar atrás, todo saldrá a la luz. Eso, o gastarse un dineral en una sesión de hipnosis.
Yo tengo tiempo y el gran defecto de rebuscar con placer en el pasado lejano para, a veces, entender el presente.
El otro día no podía entender porque le costaba tanto a mi hermana dejarse poner inyecciones en las nalgas.
Resulta que cuando teníamos unos 7 años ella y 8 yo le hice una cosa terrible y vergonzosa.
Acabábamos de discutir, arañazos y tortas incluidas por una chorrada de bolsa de caramelos que compartir. Como siempre, ella empezó a llorar la primera y a mi me tocó pedir perdón y dejarle elegir las mejores chuches. Esa misma tarde monté un plan para vengarme. Mis padres tenían unos sofás de tela hortera, muy de moda en los setenta. Los asientos iban rellenos de una goma altamente inflamable pero también muy flexible. Me imaginé introduciendo profundamente un mondadientes donde siempre se sentaba ella, de tal forma que no se vería y solo saldría a la superficie con el peso de su cuerpo. Nunca he sido muy buena con las manualidades y juro que nunca pensé que funcionaría. Pero por desgracia para ella fue un plan perfecto. A la hora de los dibujos de la tarde, se tiró en su rincón del sofá. ¿Habéis intentado alguna vez tirar a un gato en un bañera llena de agua? Sale disparado. Mi hermanita salió disparada también. Gritó como una posesa y mi madre acudió a su rescate. Le dolía el culo, decía. Para evitar cualquier sospecha acudí también y puse cara de preocupación. Mi madre le bajó los pantalones. Tenía un pequeñito pero profundo agujero en la piel de la nalga derecha y le sangraba bastante. Mi madre encontró el objeto del delito en el sofá y pensó que alguien lo había dejado allí por accidente. No me podía creer que el plan funcionara tan bien y menos aún que saldría limpia de bronca y castigo.
Desde entonces, mi hermana tiene pánico a las agujas y las chuches me dan asco. Qué cruz.
18.9.09
¿Os acordáis de mi madre, su pareja perfecta y su boda perfecta?
A veces las cosas pasan aunque parezcan extrañas. Mi entrañable creadora se casó hace unos días y todo fue perfecto.
El y yo cogimos el avión el día D-1 de buena mañana y aterrizamos en plena efervescencia pre-matrimonial. Mi hermanita no paraba de repetir: “Que morro, nosotras sin ninguna perspectiva de pisar el altar y ella va por la segunda.” En el fondo tiene su punto. No pude asistir a su primera boda porque aún no había nacido pero estuve en la segunda con la responsabilidad de guardar las alianzas.
El novio italiano se fue a por croissants la mañana del día D y casi se olvida del ramito. Flores blancas para el toque virginal. Mi tía cachonda llegó con su caja de herramientas para el pelo. Recogido sencillo para el toque maduro.
No sé si es algo normal y dudo que sea sano pero empezamos a tomar el cava y los bombones a las 10h30 en casa de los novios antes de ir a visitar al concejal. No se les veía muy nerviosos a la hora de firmar su compromiso y mi madre tenia en cada momento esa sonrisa tonta típica en las mujeres de la familia cuando están pedos. La salida con su sesión de fotos fue borrosa y ajetreada. Cambiaron el tiro del arroz por una lluvia de pastas griegas, ¿para el toque mediterráneo? Os ahorraré los detalles del menú porque fueron muchos platos y mucho vino. Todavía tengo el estómago revuelto y el volvió con un par de michelines más. Y no le quedan bien. Na.
La boda perfecta terminó hace tiempo pero todavía tengo en la cabeza la imagen de mi madre con su vestido de piedrecitas y volantes al brazo de su “enamorado” y con la mirada y la sonrisa del color de la calma. Todos nos enamoramos de ellos ese día.
A veces las cosas pasan aunque parezcan extrañas. Mi entrañable creadora se casó hace unos días y todo fue perfecto.
El y yo cogimos el avión el día D-1 de buena mañana y aterrizamos en plena efervescencia pre-matrimonial. Mi hermanita no paraba de repetir: “Que morro, nosotras sin ninguna perspectiva de pisar el altar y ella va por la segunda.” En el fondo tiene su punto. No pude asistir a su primera boda porque aún no había nacido pero estuve en la segunda con la responsabilidad de guardar las alianzas.
El novio italiano se fue a por croissants la mañana del día D y casi se olvida del ramito. Flores blancas para el toque virginal. Mi tía cachonda llegó con su caja de herramientas para el pelo. Recogido sencillo para el toque maduro.
No sé si es algo normal y dudo que sea sano pero empezamos a tomar el cava y los bombones a las 10h30 en casa de los novios antes de ir a visitar al concejal. No se les veía muy nerviosos a la hora de firmar su compromiso y mi madre tenia en cada momento esa sonrisa tonta típica en las mujeres de la familia cuando están pedos. La salida con su sesión de fotos fue borrosa y ajetreada. Cambiaron el tiro del arroz por una lluvia de pastas griegas, ¿para el toque mediterráneo? Os ahorraré los detalles del menú porque fueron muchos platos y mucho vino. Todavía tengo el estómago revuelto y el volvió con un par de michelines más. Y no le quedan bien. Na.
La boda perfecta terminó hace tiempo pero todavía tengo en la cabeza la imagen de mi madre con su vestido de piedrecitas y volantes al brazo de su “enamorado” y con la mirada y la sonrisa del color de la calma. Todos nos enamoramos de ellos ese día.
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